Latinoamérica: el nuevo vertedero de la basura extranjera

Cada año América Latina recibe millones de toneladas de basura ajena. Se supone que debe ser reciclada; pero la mayoría termina incinerada, desechada en basurales a cielo abierto o en el ambiente.

Durante años, en el panorama geopolítico, Latinoamérica fue considerada el “patio trasero de Estados Unidos”, su zona de influencia. Ahora una reciente investigación periodística sugiere que se convirtió en algo más: su basurero. Residuos de todo tipo son exportados hacia los países latinoamericanos con el objetivo de que sean reciclados; pero solo una pequeña parte de la basura llega a ser tratada adecuadamente, el resto termina incinerada, desechada en basurales a cielo abierto o en vertederos clandestinos. 

Desde hace décadas Asia, África y Latinoamérica reciben millones de toneladas de basura proveniente de Estados Unidos, Canadá y Europa -entre otros-. Sin embargo, en 2018 China impulsó la “Operación Espada Nacional”, una filosa medida que cortó con la importación de basura ajena, el gobierno de Xi Jinping se percató de que importar basura es un disparate que no genera ningún beneficio. 

En respuesta, los países exportadores de basura buscaron un nuevo vertedero, y comenzaron a exportar todos los desechos que China no quería a los países de Latinoamérica. Por eso, desde el 2018 aumentaron exponencialmente las exportaciones de basura hacia esta región. En esa línea, en 2019 el por entonces presidente argentino, Mauricio Macri, aprobó la importación de basura en el país mediante decreto (sin consultar al congreso). En estos últimos cuatro años, Latinoamérica recibió más de 53.000.000 de toneladas de basura.

Contenedores repletos de basura en un puerto de Camboya. (En Asía la situación es similar a la latinoamericana).

En 2017, antes de la medida tomada por China, Estados Unidos envió hacia latinoamérica unas 10.000.000 de toneladas de plásticos, en 2018 la cifra aumentó a 11 millones, en 2019 el número fue ligeramente mayor y en 2021 exportó unas 12.000.000 de toneladas de plásticos. Estos datos surgen de documentos aduaneros y comerciales.

Sin embargo, hay una deficiente fiscalización aduanera por parte de los países receptores, por lo que estos números podrían ser csustancialmente mayores. Según los datos oficiales, entre 2012 y 2022 América Latina importó el equivalente 118 veces el peso de la Torre Eiffel. Solo cinco países de la región estudiados importaron residuos por un valor de 330.400.000 dólares. 

En la teoría, los desechos deberían ser reciclados, pero en la práctica una mínima fracción de los residuos son recuperados: según datos de Naciones Unidas sólo el 9% de los residuos plásticos son reciclados. La deficiente fiscalización aduanera permite el ingreso de estos desechos, pero la falta de trazabilidad de las autoridades competentes impiden que se conozca el destino final de la basura.

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La Interpol advirtió en 2020 que hay organizaciones criminales que se dedican al contrabando de basura, también alertó que aumentó la cantidad de envíos ilegales de desechos valiéndose de documentos falsos y registros fraudulentos de los residuos. Además, el informe establece un vínculo entre el crimen organizado y las empresas ‘legítimas’ de gestión de residuos, que son utilizadas como tapadera para envíos ilícitos. 

Según una reciente investigación periodística realizada por Ojo Público, México es el principal importador de basura de la región: recibió más de 1.000.000 de toneladas de basura plástica en la última década. En segundo lugar se encuentra Perú, que recibió unas 62.000 toneladas de desechos plásticos en el mismo periodo, Chile importó cerca de 50.000 toneladas de desechos, Colombia se ubica en el cuarto lugar, recibiendo cerca de 45.400 toneladas de basura plástica y Ecuador recibió más de 21.000 toneladas de basura en el mismo periodo. 

Estos datos surgen de los envíos que contienen únicamente plástico. No obstante, también se importan contenedores de basura mezclada (plástico, cartón, latas, papel, etc…), por lo que, nuevamente, los números podrían alcanzar cifras considerablemente mayores. 

Toneladas de basura también fueron exportadas hacia Bolivia, Argentina, Costa Rica, El Salvador, Honduras, Panamá, Paraguay, República Dominicana y Venezuela, entre otros. Es decir, casi la totalidad de la región.  Esta basura suele provenir de países como Estados Unidos, Holanda, China, Canadá o Alemania, entre otros grandes generadores de desechos.

Estos residuos se suman a las 225.000.000 de toneladas de basura que generan anualmente las naciones de Latinoamérica, y que difícilmente logran tratar. Solamente Argentina genera 45.000 toneladas de basura cada día, de las cuales menos del 10% son recicladas: el resto termina en los más de 5.000 basurales a cielo abierto dispersos en el país. Por lo que la importación de basura solo empeora el problema. 

Personas rebuscando en el basurero Neza Bordo III en el municipio de Nezahualcóyotl, Estado de México. /Luis Barron – Eyepix Group/.

Entre los desechos que América Latina recibe periódicamente podemos encontrar latas, botellas, cartón y papel; pero también jeringas, pañales, televisores y computadoras, desechos de material automotriz, residuos patógenos e incluso contenedores contaminados con material tóxico, entre otros.

No es sorpresa para nadie que los países receptores de basura tienen una legislación laxa en torno al tratamiento de residuos, y una fiscalización de las leyes aún más deficientes, además aquí la trazabilidad de la basura es “nula”. En comparación, los países exportadores de basura cuentan con leyes más exigentes acerca del tratamiento de la basura, entonces las empresas de tratamiento de residuos envían los desechos hacia otros países para no tener que lidiar con las leyes locales. 

Estas transacciones se dan entre empresas privadas que compran y venden la basura, en la teoría compran “materia prima reciclable”; pero cerca del 50% de los residuos no se pueden reciclar porque están contaminados o en mal estado. 

Además, muchas de estás transacciones se realizan gracias a “vacíos legales” de los países receptores, por lo que en teoría no deberían recibir estas millones de toneladas de basura, al menos no legalmente. También, muchos de los importadores de basura adhieren al Convenio de Basilea sobre el Control de los Movimientos Transfronterizos de los Desechos Peligrosos y su Eliminación, cuyo objetivo es combatir los depósitos de desechos tóxicos en los países en vías de desarrollo, por lo que, nuevamente, América Latina no debería estar importando toneladas de basura. 

Otro problema es que la importación de basura desvaloriza el mercado interno de los reciclables, lo que repercute negativamente en los carreros, cartoneros y recicladores informales. La Federación Argentina de Carreros, Cartoneros y Recicladores denuncia que las importaciones de basura disminuyen el precio de los reciclables, reduciendo el ingreso económico de las más de 150.000 familias que subsisten juntando material para reciclar, desde que el ex presidente argentino aprobó la importación de desechos los precios del material reciclable disminuyeron considerablemente. 

Recicladores en el basural de Bariloche, Argentina. /Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores/.

En síntesis, se trata de un negocio multimillonario que beneficia al ambiente de los países exportadores de basura y perjudica a los ecosistemas de las naciones que reciben los residuos. Un comercio que beneficia a unas pocas empresas y que perjudica a miles de recicladores urbanos e informales. 

China ya se dio cuenta de ello hace cuatro años, y redujo en un 99% la importación de desechos, Malasia también se despertó y devolvió miles de toneladas de basura a los países que se la enviaron. Sin embargo, el panorama latinoaméricano parece no ir en ese camino, y todo indica a que la situación va a ir empeorando. 

Por lo que hoy, América Latina no solo es el proveedor de materias primas básicas a nivel geo-industrial, sino que también es el vertedero de la basura ajena. 

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