Especismo: Tortura animal en experimentos científicos

Cada año, cerca de 100 millones de animales son asesinados en los laboratorios de Estados Unidos, en Alemania durante el 2017 se realizaron experimentos  en más de 2 millones de animales, en España en 2019 se realizaron 817 mil pruebas en seres vivos, el 95% de los medicamentos que han demostrado ser seguros y eficaces en animales,fracasaron en ensayos con humanos. Estos son solo algunos de los números que ilustran el maltrato animal infringido por el humano y que ponen sobre la mesa la pregunta ¿es necesario experimentar con animales?

/Deutsche Welle/

La experimentación animal representa un dilema moral y ético, pues es una de las practicas que dejan en evidencia el sentimiento de superioridad humana sobre otras formas de vida, y demuestra que vivimos en un sistema especista –considerar que una especie tiene más valor que otra-.

La experimentación en formas de vida no humana cuenta con posturas a favor y en contra, por un lado tenemos a los defensores de esta práctica argumentando que gracias a ella la ciencia, la medicina y la veterinaria han avanzado considerablemente y que actualmente en ciertas ocasiones no es posible realizar experimentos alternativos. En la otra arista se encuentran los abolicionistas de esta práctica, quienes argumentan que el sistema especista es inmoral y no ético, además los experimentos en animales en un gran porcentaje son innecesarios y que –a diferencia de lo que aseguran los laboratorios- los animales sufren torturas sin motivos científicos y un trato indigno.

Hace una semana se filtro un video del maltrato animal que sufren conejos, perros, cerdos, ratas y ratones –vida no humana en general- en el laboratorio Vivotecnia de Madrid, este laboratorio había firmado en 2015 un acuerdo de transparencia, en la que junto a otras 144 entidades –biotecnológicas, veterinarias, organismos de investigación, etc- se comprometió a dar información sobre sus actividades con una política de puertas abiertas. Con la aparición de este video, la Comunidad de Madrid paralizo las actividades en el centro y el asunto ha entrado en los juzgados. Además, el laboratorio ha sido desplazado del acuerdo antes mencionado.

Posteriormente se viralizo un video en las redes sociales protagonizado por un conejo llamado Ralph, en el que se ilustra el día a día de los animales de laboratorio y las torturas que sufren.

Estos dos casos han dado mucho de qué hablar y han generado una “indignación hipócrita” en la sociedad, una indignación que se vio reducida a posts y hashtags, al mismo tiempo que estos indignados compran en las tiendas productos de empresas que experimentan con animales –Colgate, Raid, Head and Shoulders, Nívea, etc- financiando esta práctica y repudiándola en las redes. Algunos de estos indignados han cometido este error de manera ingenua y por falta de información, otros lo han hecho a sabiendas con el único objetivo de aprovechar la tendencia y quedar bien en las redes.

Lo cierto es que cada año más de 115 millones de animales vertebrados son sometidos a experimentos con el supuesto fin de beneficiar a los seres humanos, estos experimentos incluyen practicas como: inhalación de gases tóxicos, aplicación de sustancias corrosivas en la piel y en los ojos, aplicación de enfermedades como el VIH, o la extirpación de órganos, todo esto en contra de la voluntad del animal.

Además la mayoría de estos experimentos no tienen una finalidad biomédica, es decir, no buscan obtener mejoras en la salud humana. En algunos casos se trata de pruebas de impacto ambiental de productos químicos. En otros se trata de pruebas de seguridad de productos cosméticos o del hogar y en otras ocasiones se emplean animales no humanos en la investigación militar.

Sin embargo, una minoría de experimentos con animales si posee carácter biomédico, experimentos que buscan nuevos medicamentos para tratar ciertas enfermedades o paliar el dolor de ciertas dolencias.

Esta práctica se estandarizo durante la década del 1930 en la medicina moderna, ya que por razones éticas se impedía realizar ensayos clínicos que sometieran a seres humanos a un riesgo muy alto, a la vez que se prohibía el uso de tratamientos clínicos no debidamente testeados. Por ello empezó la experimentación con animales, en especial con los que son genéticamente similares al humano.

Actualmente existe un gran número de métodos de investigación que no emplean animales, como el uso de cultivos celulares y de tejidos, modelos de órganos o modelos computacionales. No obstante, el modelo de experimentación animal sigue siendo el predominante y las inversiones se inclinan más hacia la experimentación animal que a la no animal.

En términos biomédicos, lo más eficaz seria utilizar a seres humanos para estos experimentos–aun en contra de su voluntad-, algo que se ha propuesto en más de una ocasión, sin embargo esta práctica está prohibida por la ley por considerarse no ética. No se pueden realizar experimentos en humanos si no se experimento antes con animales o métodos alternativos.

Entonces, el dilema al que nos enfrentamos es el siguiente: o bien aceptamos experimentar con individuos sintientes –humanos y no humanos-, o bien lo rechazamos y optamos por otros métodos de investigación. Bajo un criterio de eficiencia, deberíamos optar por experimentar con seres sintientes, en especial con humanos. Decidir éticamente, nos obliga a abandonar los experimentos con animales no humanos e invertir en el desarrollo de otros métodos de investigación.

También debemos tener en consideración que los animales utilizados en los experimentos son inocentes, es decir, no están siendo castigados por una acción concreta. Bajo este criterio, podríamos pensar que sería éticamente correcto experimentar con convictos o con personas que cometieron terribles crímenes. Pero entonces pasaríamos de cometer un terrible acto a cometer un acto igual de drástico, pasar de violar los derechos de los animales a violar los derechos humanos.

Afortunadamente se han reducido los experimentos no esenciales, como los que se realizan para probar cosméticos o productos del hogar. En 2013 la Unión Europea prohibió que las empresas cosméticas experimentaran con animales. Un pequeño paso que marca el camino hacia una experimentación libre de crueldad.

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Fuentes:

La Vanguardia

El Diario.es

Peta Latino

Deutsche Welle

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