Botsuana inicia la temporada de caza de elefantes y concede 287 permisos para matar

Tras un año de cuarentena, el país africano reabre sus fronteras al turismo de caza y a partir del pasado 6 de abril hasta el próximo septiembre 287 elefantes se enfrentan a una muerte inminente, avalada por el gobierno de Botsuana.

/Público/

Después de un año sin disparos autorizados contra los paquidermos, debido al confinamiento por el Covid-19, Botsuana reabre sus fronteras para “Turistas-Cazadores” y desde el pasado martes hasta septiembre próximo 287 ejemplares de elefantes morirán a causa de los disparos de los cazadores que hayan conseguido, previamente, la autorización para cazar.

Durante la mayor parte del 2020 no se practico la caza legal en este país y este año se reactivo este polémico negocio, del total de permisos para cazar 187 provienen del pasado año –el gobierno decidió mantenerlos vigentes- y 100 corresponden al 2021.

La nueva temporada de caza llega en un momento delicado para la población de elefantes, que se ha visto drásticamente reducida desde hace varios meses por causas que aún se investigan. Desde principios de año cerca de 40 elefantes han muerto en circunstancias desconocidas en los alrededores de Mombo y durante el 2020 se contabilizaron 300 muertes en el país.

Las investigaciones realizadas al respecto han descartado el envenenamiento por ántrax y la infección bacteriana como causa de muerte de estos animales. El país africano acoge cerca de un tercio de la población de elefantes de África.

Además, este marzo la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza –UICN- declaro al Elefante de Selva Africano en PELIGRO CRITICO DE EXTICIÓN, ya que en los últimos 30 años su población disminuyo en un 80%. Por su parte la población de Elefantes Africanos de la Sabana descendió en un 60% en los últimos 50 años y se encuentra clasificada como “En Peligro”.

En el 2014 el gobierno de Botsuana prohibió la caza de elefantes, pero ante la presión ejercida por parte del Turismo de Caza y los grupos de agricultores –que ocasionalmente se ven afectados por la entrada de estos animales en sus campos de cultivo- en 2019 se volvió a autorizar su caza de forma limitada.

Los promotores de la caza “deportiva” argumentan que esta actividad no es tan perjudicial como aparenta y hasta alegan que es una actividad que trae prosperidad. Ya que “la caza controlada ayuda a mantener estable la población de estos animales y que una parte de las elevadas sumas que pagan por ello los cazadores se destinan a ayudar a las comunidades humanas locales”.

Por otra parte, conservacionistas como Map Ives cuestionan como se establecen las cuotas de caza y dudan que se basen en evidencia científica sobre la población de elefantes y su sostenibilidad.

«Entiendo que la caza puede ser útil como herramienta para el manejo de la vida silvestre, pero debería basarse en la ciencia, pero lamentablemente en Botsuana no tenemos los recursos financieros ni la mano de obra para hacerlo», explico este histórico conservacionista, experto en rinocerontes.

No está de más decir que ninguna actividad que implique la muerte de un ser vivo inocente puede ser considerada “Deportiva” y que bajo ningún motivo el asesinato de ejemplares de una especie está relacionado con la conservación de la misma. Detrás de estas políticas lo único que hay son intereses económicos, ya que el turismo de caza es un negocio multimillonario.

Fuentes:

La Vanguardia

Público

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