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El trabajo de La Planta “es sembrar conciencia y está llegando a lugares donde no llegaba el reggae”

Por Maico Martini.

Matías Giachino es uno de esos artistas que nunca se quedan quietos, a veces hace de cantor, otras de malabarista, acróbata, guitarrista, actor o bailarín, según lo ameriten las circunstancias. Cuando no está ensayando las canciones de La Planta, se lo ve colgado en el domo de la Eco Aldea haciendo acrobacias, malabareando con sus vecinos, pintando una escenografía o pensando en el vestuario de su próxima intervención.

Aun cuando se encuentra inamovible apreciando su majestuoso patio repleto de vida, con las abejas que se acercan a las flores, las aves que se posan sobre los espinillos o las nubes que acarician las sierras de Estancia Grande, su mente contemplativa pero inquieta abona las ideas que más tarde florecerán en el escenario. “El arte para mi es el camino, es como una reivindicación de todo lo que hay en la vida”, dice.

Con la calidez y la sencillez que lo caracteriza, me abre las puertas de su casa para compartir una entrevista con tono de íntimo diálogo, me ofrece un café con un excelente aroma y un cuadradito de chocolate 100% cacao que le regaló un amigo suyo. Un gesto que agradecí inmensamente, dado que había pedaleado 30 km para llegar a su hogar y ese café con chocolate fue revitalizante.

Matías es cantor de La Planta, una histórica banda de San Luis que a lo largo de más de 20 años ha dado vida a una inmensidad de festivales, ha musicalizado protestas sociales, ha retratado hechos de la historia moderna de la provincia y ha ayudado a muchos a curar sus heridas del alma, “hacemos una música de sanación”, explica.

Junto a él, Marcos Casares marca el ritmo con su batería; Paulo Gil empuña el bajo, Matías Codina y Walter Benítez rasgan las guitarras; Guillermo Carrizo hace sonar el teclado, Gastón López le da vida al saxo; Mauro Navas hechiza el trombón, Marcelo Codina despierta la armónica y Martín Quinzio hace a veces de saxofonista y otras de productor y técnico de grabación.

“Nos aglutina nuestro mensaje de comunidad y de respeto, eso es lo que nos va uniendo cada vez más y nos va educando, es un camino de construcción. La Planta tiene y lleva un mensaje de reconstrucción social e individual, por eso es una banda que se auto sana, porque tratamos de hacer lo que dicen las letras, no hacemos la vista gorda. En el trabajo del ego de cada músico, de cada integrante, trabajamos nuestro mensaje ahí, en ese compartir”.

“Ese disco se grabó en los estudios de Martin Quinzio, el disco se va a llamar Tiempo y son diez canciones, se han subido cinco y quedan otras cinco por subirse y editarse, que lleva su tiempo. Después hay siete canciones más grabadas en la Casa de la Música, que también las vamos a editar con Martín Quinzio, que es un maestro.

Tenemos más temas que hay que grabarlos, quizás los grabemos haciendo sesiones. Estamos trabajando ahora una sesión un poco más acústica, hicimos una sesión electroacústica que llevamos a los bares y a las peñas, y ahora estamos laburando una versión a capela con vientos, que va a ser casi sin electricidad.

Tratamos de entrar con nuestra música en todos los ámbitos, en el ámbito del folclore, volver a participar de la lucha social sin necesidades técnicas tan grandes como armar el sonido para nueve músicos. La Banda está emocionada, está agradecida, está trabajando firme, venimos bien y felices de compartir esto, porque la gente se emociona, la gente lo agradece y felicita el show, es una música de sanación”.

“Al principio era una catarsis que hacíamos, porque nosotros estábamos en la lucha social. Éramos jóvenes que habíamos escuchado el rock y nuestra conciencia estaba despierta y estábamos buscando un camino para seguir, para reproducirnos y poder brindar una cultura más armoniosa. Estábamos en el grito, en el rock”.

“Es combativo, porque el pueblo tiene el poder, el pueblo siempre tiene el poder. Lo que pasa es que la gente se entretiene y no se hace cargo de lo que sueña, cuando vos soñas algo tenes que hacer lo que soñaste, tenes que hacer los deberes y si vos te entretenes te desvías de tu potencial y sos solo como una especie de público, no estas con tu fuego encendido.

Eso no es saludable, ese sedentarismo extremo, esa superficialidad de todo el tiempo comprar algo nuevo. Necesitas probarte, necesitamos personas que se la jueguen, que se quieran divertir, que quieran probarse, que quieran una vida simple pero arriesgada, ahí está la verdadera diversión, la verdadera salud. No tanto en el gimnasio, sino más bien en hacer lo que uno sueña y mantener la emoción encendida”.

“La Planta está haciendo ese trabajo, ahora La Planta aceptó cuál era su trabajo. Uno cuando tiene una banda piensa que tiene que ir a los bares a tocar de noche, pero en realidad esta banda entendió que su trabajo es sembrar conciencia, entonces está saliendo un poco de la noche y está llegando a lugares donde no llegaba el reggae, ni el rock y está sembrando ahí. Estamos en ese proceso”.

“Esa canción la escribió Paulo Gil. Es uno de los fundadores de la banda, junto a Marquitos Casares. Viste que hay gente que dice que el tren solo pasa una vez, el tema propone salir de esa filosofía”.

“Claro, de pensar que la vida es una carrera, porque la vida no es una carrera. Es más, todos los días vuelve a salir el sol para que vos vuelvas a experimentar, o sea que no tenes ninguna carrera, todo lo contrario. Tenes toda la calma y la paz para decidir lo que vas a hacer y hacer lo que vos pensas, lo que sentís, conjugar eso y hacerlo. De eso habla la canción”.

“Si, porque más que cantante yo soy cantor. Los cantores no manejamos mucho la técnica, no estudiamos canto, cantamos porque tenemos que contar lo que sentimos y lo que aprendimos, entonces cantamos. No podemos cantar lo que no sentimos”.

“Normalmente uno lleva una canción, una letra, un ritmo, algunos acordes. Generalmente la canción cambia bastante, por ejemplo, los estribos normalmente terminan siendo algo nuevo para el que hizo la canción. A mí me gusta porque yo canto acá en mi casa con la guitarra y tiene un poder, pero cuando la hace el grupo la canción se vuelve mucho más poderosa, el grupo le da el sentido”.

“Hay que trabajar el ego, ese personaje que uno arma y que hay una cultura social que lo condiciona, pero eso no es todo lo que nosotros somos. Aparte de ese personaje que forma el ego, también existe un servicio que es parte del ser, más allá de que nosotros nos pongamos un nombre, una profesión, una manera de hablar… Nosotros tenemos un potencial sagrado muy poderoso de nuestra esencia, entonces eso es lo que uno tiene que poner a jugar, sobre todo en los grupos, donde uno pasa a segundo plano y queda lo que el grupo quiere, el sentido grupal, ahí solo se pone en juego lo que las personas están dispuestas a compartir.

Las ideologías personales van condimentando al grupo, pero en realidad ninguna puede ganar ahí. En los grupos se pone lo que uno quiere compartir, no se compite, se trabaja y se aprende”.

“Tenemos que estar agradecidos de estar en este planeta y encontrar una manera de vivir divertida y sustentable”

Matías en el domo jugando con los niños. Año 2024 /EcoPress/.

“Mi papa canta folclore, con una voz muy poderosa, grave. Él dejaba la guitarra ahí, entonces yo la agarraba, mi vieja tenía un piano que estaba desafinado, pero yo tocaba igual y entraba como en éxtasis cuando tocaba la guitarra o el piano.

Pero a mí lo que me abre la mente es tener un vecino anarquista que criticaba todas las acciones políticas, en mi casa no se hablaba casi de política y en otras casas se veneraba mucho a los políticos de turno. Mi familia era católica y yo escuchaba el evangelio, y pensaba ¿Por qué la gente no es como Jesucristo? Me llamaba la atención porque la gente no iba directo al grano. Ya que iban a la iglesia, porque no vivían una vida más simple y compartían un poco más con las personas, se ayudaban entre ellos, no entendía porque las personas veneraban algo que no practicaban.

Todo eso empezó a hacer un ruido en mi cabeza, que yo medio que enloquecí. Dije, todo esto está muy raro, hay un mensaje claro pero la gente está en cualquiera, se están mandando miles de cagadas y nadie hace nada al respecto”.  

“El anarquista se calentaba, decía: ‘mira lo que hacen estos hijos de puta’. Y en mi casa nadie hablaba de eso, mi viejo laburaba en dos lugares y mi mama también, ella era docente y mi papa laburaba en una fábrica, entonces como que a ellos les alcanzaba la guita, pero habían aceptado el sistema. Yo empecé a dudar de todo, dije ‘acá hay gato encerrado’. Era muy jovencito, tenía unos 12 años, entonces empecé a desconfiar y a mirar todo como una posibilidad y a buscar mi destino”.

“Este vecino me prestaba libros, Los Anarquistas, Severino Di Giovani, La Vida del Che, Así Habló Zaratustra… A parte escuchaba música grunch, que era bastante triste, pero me gustaba el rock, me gustaba en funk, no escuchaba tanto reggae. Pero lo que más me impacto fue la incoherencia, que yo creo que es lo que más les impacta a los adolescentes, que en realidad no es un adolescente, sino que es una persona que se da cuenta que hay una gran farsa que la están viviendo principalmente sus padres y casi toda la sociedad, todos te dicen que tenes que hacer lo que hacen ellos, pero ellos están mal.

Entonces, como no sabes que hacer queres romper todo, si esto no sirve. Hasta que empezas a tener herramientas y decís ‘yo puedo brindar esto’, puedo cantar, podemos hacer una aldea, sembrar frutales. No sé, vas probando y hay cosas que funcionan, hay cosas que son muy complicadas, hay cosas que necesitas familia, hay cosas que te peleas porque no te da la cabeza. Porque fuimos educados para la desconfianza y para el orden de poder, no para confiar y compartir. Es todo un proceso largo y generacional que uno lo dilucida ahora, dice ‘todo esto está mal, cambiémoslo’.

Podes estudiar, hay comunidades antiguas que han aprendido muchísimo o que lo siguen haciendo de una manera comunitaria. En el occidente la comunidad quedó como en segundo plano, la industria nos dijo ‘no se hagan drama, nosotros les vamos a solucionar todo’. Ahora tenes un bebe y si queres lo mandas a la guardería cuando tiene apenas unos meses, es como separar todos los vínculos, la familia, la amistad, separarla al punto de que no se necesiten y que si queres, podes estar solo y poder todo”.

“Si, porque vos estás valorando más tu fuerza material que lo que vos deseas realmente, que principalmente es la libertad. No hace falta que pensemos que es lo que realmente me gustaría hacer a mí, sino salir de un sistema de dependencia total, porque vos podes tener un oficio y brindar un servicio, pero no estar atado a un horario, a una obligatoriedad, de que si vos faltas te echan. Toda esa mierdita sistemática, que a vos te promete una solución, en realidad te tiene atado y emocionalmente te tiene re encarcelado, hay que salir de ese círculo vicioso. Primero que nada, hay que valorar la simpleza y la libertad, y de ahí empezar a ejercer un oficio.

Mi oficio es ir a cantar, voy a tu evento, hago que la gente se divierta, se alegre, baile, ese es mi oficio y cobro tanto. También conecto paneles solares, aprendí, estudié, soy técnico, cobro tanto, voy conecto y te doy garantía. Eso es un oficio, no es una relación de dependencia de un chabón que si no le gusta como soy, como hablo, me corre. Eso es dignidad y la dignidad se tiene que ejercer”.

“Lo que tiene que haber es una conciencia y eso es aprender. Bueno, lo que vos haces, llevar esta entrevista es una semilla de conciencia, entonces el que la lee empieza a pensar en estas cosas, que capaz en su ámbito no se habla. La conciencia es una semilla, entra en vos y cuando pasan cosas se riega, cuando hay coherencia se riega y crece. Una vez que crece empieza el trabajo de la voluntad, recién ahí, porque si no la voluntad no sabe qué hacer”.

“Estamos en la vida para aprender, desde que naces estas aprendiendo. Tratamos de aprender y divertirnos, no solamente estar como si esto fuese un calvario. Porque pareciera que es todo lo contrario, más allá de que hay una cadena alimenticia y una lucha de poderes, la naturaleza es una cosa muy hermosa, llena de colores, de sabores, de paisajes, de vida… Entonces no puede ser vista como un calvario, como un sufrimiento, eso es como ver solamente la parte oscura de la vida”.

“Pienso que el principal efecto de no estar en la naturaleza y no apreciarla es lo que te enfría, lo que hace que vos tales un árbol, porque no sabes lo que es en realidad. Una vez les pidieron a unos niños de Buenos Aires que dibujen un pollo y pintaron un pollo al espiedo, porque nunca alzaron a un pollito, nunca lo tuvieron en sus manos. Entonces, una manera de que nosotros consumamos todo y no nos duela es porque no somos amigos de la naturaleza.

Creo que la naturaleza va a seguir, lo que destruimos es nuestro entorno, pero la naturaleza va a seguir. El humano destruye su presente con estas acciones que tenemos, porque nos llenamos de tristeza, nos llenamos de objetos que no utilizamos y destruimos nuestro presente, pero al final la naturaleza va a decidir que hace con nosotros. Nosotros deberíamos estar agradecidos y disfrutarnos, en vez de estar todo el día trabajando para comprar cosas, deberíamos estar jugando con nuestros hijos, cantando, plantando frutales y trabajando para tener la comida.

La naturaleza terminará haciendo su equilibrio, nosotros tenemos que descubrir cuál es nuestro equilibrio. Para eso hicimos esta Aldea, para eso cantamos y hacemos lo que soñamos, tratamos de mejorar para descubrir nuestro equilibrio, tenemos que estar agradecidos de estar en este planeta y encontrar una manera de vivir divertida, sustentable y saludable”.

“En un principio era más tóxico, mis viejos trabajaban un montón y había mucha comida, y yo comía y comía, tenía mucha ansiedad, comía y miraba la tele, estaba como pegado a eso, me dolía la panza dos veces a la semana y mi vieja me retaba. A veces uno no sabe qué hacer con lo que siente y con lo que desea, o ni siquiera sabe bien lo que desea, el centro no es lo que uno desea, el centro es como uno deja la esencia en este plano, como te compartís.

Empecé a hacer malabarismo, a cantar, a hacer canciones con la guitarra y empecé a decir, esta es mi esencia, esta es mi parte graciosa, esta es mi parte loca. Entonces busqué una manera de compartir mi destreza, mi práctica y mi esencia sin herir a las personas, y me di cuenta de que había un camino de expresión, de oficio y elegí ese camino. Y el oficio del arte no es tan fácil, porque la gente usa la plata primero para lo que sí o sí tiene que comprar, y el arte queda como en segundo plano.

/Cortesía/.

Con los malabares lo podía hacer, actuaba en eventos, en cumpleaños, en el semáforo. Mi familia se preocupaba, pero yo estaba en mi salsa, yo quería ganarme el sustento con mi libertad. Y practicaba, hice casi todo, monociclo, zanco, clava, inventé juguetes, hice funciones, obras de teatro, obras propias”.

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