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El ambientalismo en la mira de la batalla cultural del gobierno

Por Maico Martini.

Para el Presidente de la Nación cualquier posicionamiento político diferente al suyo es “socialismo”, “marxismo” o “casta”, bajo esa óptica, encabeza la batalla cultural contra “los zurdos de mierda”. La línea divisoria entre el “argentino de bien” y el “zurdo de mierda” es difusa, a priori cualquiera que se gane la vida honestamente es un ciudadano ejemplar; pero si sale a las calles para reclamar contra alguna medida que le aqueja, automáticamente se convierte en un “zurdo de mierda”. También puede suceder al revés, alguien que era considerado miembro de la “casta”, al insertarse en las filas del oficialismo, se transforma en una persona “de bien”.

Muchos de los “argentinos de bien” que votaron a Javier Milei hace un año hoy son tildados de “casta”, como los miles de jubilados que reclaman contra el recorte de las jubilaciones, los médicos y trabajadores de la salud que protestan por la pérdida de poder adquisitivo o los padres de familia que se quejan por el aumento desmedido en la factura de la luz. En otra arista, algunos que hace no mucho eran considerados “montoneros”, “tira bombas” o “casta” hoy ocupan cargos jerárquicos dentro del gobierno, como Daniel Scioli, secretario de Ambiente, Turismo y Deportes, Patricia Bullrich, ministra de Seguridad; o Luis Caputo, ministro de Economía.

A su turno, cuando la Cámara de Diputados osa aumentar las jubilaciones por ley se convierte en un “nido de ratas”; pero cuando esas “ratas” apoyan el veto a la movilidad jubilatoria se convierten en “héroes” dignos de cenar en Olivos. Cuando los simpatizantes del presidente, con el apoyo del gobierno, presentan a la agrupación “Las Fuerzas del Cielo” como “el brazo armado de La Libertad Avanza”, el oficialismo se excusa diciendo que es una metáfora. Sin embargo, cuando una organización como Greenpeace crítica la flexibilización de las leyes ambientales, rápidamente el aparato sale a tildarlos de “organización terrorista”.

Así las cosas, en casi un año de gobierno Milei ha demostrado autoritarismo, arbitrariedad, falta de respeto a la opinión diferente, desdén por los valores democráticos y desidia ante los problemas sociales y/o ambientales, además de un claro amiguismo con la élite regional, es decir, la casta.

En campaña, el presidente se cuestionaba “¿Cuál es el problema si una empresa contamina un río?” y afirmaba que el “cambio climático es un invento del marxismo cultural”, su posición frente a la crisis ecológica es clara: “no existe”. Con ese criterio, apenas asumió redujo el Ministerio de Ambiente a una Subsecretaria y prorrogó el presupuesto del 2023 para el año corriente que, con la inflación galopante, se tradujo en importantes recortes presupuestarios.

En general, casi todas las áreas estatales tuvieron menos fondos reales que en el año anterior; pero no todos los sectores sufrieron la “motosierra” por igual. Por ejemplo, mientras que la Subsecretaría de Ambiente sufrió un recorte de más del 40% en el primer semestre del año, los fondos destinados a inteligencia se incrementaron un 778% en comparación al año anterior.

Mientras el decreto 888/24 eliminó el Fondo Fiduciario para la Protección Ambiental de Bosques Nativos, del cual no se había ejecutado ni un solo peso en el primer semestre del 2024. El decreto 594/24 aumentó un 101% el presupuesto destinado al Ministerio de Defensa y habilitó el endeudamiento de la cartera por 98 millones de dólares para la compra de helicópteros navales.

En un reciente acto donde se presentó a la agrupación “Las Fuerzas del Cielo”, del que participaron funcionarios como el secretario de Culto y Civilización, Nahuel Sotelo; el subsecretario de Políticas Universitarias, Alejandro Álvarez; y los diputados Agustín Romo y Santiago Santurio, además de referentes del movimiento mileista, se reiteró el llamamiento a la militancia afín para dar la “batalla cultural” contra “los zurdos”, el feminismo y el ambientalismo. El gobierno tiene enemigos claros, y el movimiento ecologista es uno de ellos.

En términos políticos, la frágil situación ecológica le es muy cara al gobierno porque pone en evidencia que en el mundo hay mucho más que individuos y que lo ambiental es un problema colectivo del que nadie se salva solo. Por eso Milei no tiene otra alternativa que negar la crisis ambiental, porque aceptarla implicaría atenderla. Su actitud ante las catástrofes ambientales es una clara muestra de ese desdén, como cuando visitó a Bahía Blanca luego de las inundaciones que se cobraron 13 víctimas fatales y dijo “ustedes van a lograr poder –sic- resolver esta situación de la mejor manera posible con los recursos existentes”, o como cuando visitó a Córdoba durante los incendios que se cobraron miles de hectáreas y dejó ‘plantados’ a los brigadistas forestales que lo estaban esperando.

Milei en su visita a Bahía Blanca en diciembre del 2023. /Rodrigo García – La Nueva/.

Enrique Viale, integrante de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas, explica que “el gobierno ve al movimiento ambiental como un enemigo a combatir porque –lo considera- un enemigo de la propiedad privada, y eso es muy peligroso en una América Latina que se posiciona a la cabeza del ranking de activistas asesinados”, en ese contexto “me preocupa mucho la gente de los territorios” del interior del país, advirtió poco después de que Milei ganará las elecciones.

El gobierno combate al ambientalismo ignorándolo y restringiendo su participación en el Estado, derogando y modificando leyes de conservación ambiental que son herramientas fundamentales para la militancia ecologista, desfinanciando los organismos dedicados a la preservación ambiental o despotricando contra organizaciones y personalidades del movimiento. Las regulaciones anti protestas también se constituyen como una herramienta de lucha contra el ambientalismo.

La situación en Vaca Muerta grafica bastante bien el panorama que se vive por estos días. Por una parte, el Régimen de Incentivo para las Grandes Inversiones otorga grandes beneficios para las empresas petroleras que quieran desembarcar en la zona o ampliar su capacidad operativa, en el régimen el Estado se compromete a garantizar la operatividad de los beneficiarios. En paralelo, a medida que aumenta le explotación, también crece la conflictividad social y los reclamos de diversos sectores.

En septiembre pasado las comunidades agrupadas Xawvnko de la Confederación Mapuche realizaron bloqueos en el ingreso a plantas de residuos de varias petroleras, reclamando la remediación ambiental de las áreas contaminadas y la finalización de los relevamientos territoriales indígenas. En respuesta, el gobierno eliminó el Registro Nacional de Comunidades Indígenas y creó el comando “antibloqueos” para Vaca Muerta, un grupo de 130 gendarmes dedicados a evitar cualquier intento de bloqueo de la actividad petrolera, para ello la Nación está construyendo un cuartel a las afueras de Cipolletti, entretanto el comando operará en las instalaciones de las Fuerzas Armadas.

En otra arista, el gobierno hace de las redes sociales la principal trinchera para dar la batalla cultural. Un ejército de perfiles, la mayoría anónimos, se avocan a celebrar y vitorear cualquier medida presidencial, a disciplinar a aquellos simpatizantes que osan salirse de la doctrina mileista y a atacar a aquellas figuras relativamente influyentes que se atrevan a criticar al presidente o su círculo íntimo. “Zurdos van a correr” es una de las frases que se repite una y otra vez, en especial en las movilizaciones, cuando personal policial reprime vehementemente a los manifestantes. Sin embargo, en los últimos meses dos ‘influencers’ mileistas se achicaron cuando enfrentaron cara a cara a aquellos que prometen “domar”, como el caso de “Fran Fijap” o “La Pistarini”.

El comando virtual del gobierno opera con una violencia intrínseca innegable, también es notorio el abuso de informaciones falsas para desprestigiar al adversario, ‘fake news’ que recurrentemente son compartidas por la cuenta oficial del presidente. Ante las críticas, el gobierno se excusa en la libertad de expresión, pero al mismo tiempo le prohíbe al personal del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria mencionar las palabras “cambio climático”, “sustentabilidad”, “agroecología”, “huella de carbono” o “biodiversidad” en las publicaciones del organismo o sus dependencias.

A decir verdad, nunca estuvo claro cuál es el concepto que Milei tiene sobre la libertad, él dice que es “el respeto irrestricto por el proyecto de vida del prójimo”; pero cuando el prójimo es un científico que investiga las consecuencias del cambio climático en la agricultura, su proyecto de vida no es respetado. Todo apunta a que bajo este régimen el único verdaderamente libre es el capital, el auge de la actividad financiera y las ganancias exorbitantes esta generando es un claro ejemplo de ello, aunque solo unos pocos adinerados pueden abrirse camino en ese rubro.

Ante cualquier crítica, objeción u observación contra alguna de las medidas del gobierno, el oficialismo se excusa en la victoria electoral que cosechó el 19 de noviembre del 2023. Pero si nos ponemos quisquillosos con los números, solo el 40,3% del padrón electoral votó por Milei, es decir que casi el 60% de los electores no lo eligieron como presidente, y varias encuestas indican que en casi un año de gobierno ha perdido muchos simpatizantes.

Parece que la verdad y la veracidad ya no importan en la democracia. Actualmente la comunicación enfrenta una crisis porque el otro está en trance de desaparición, y la expulsión del otro refuerza la compulsión de autoadoctrinarse con las propias ideas, generando burbujas comunicativas aisladas. Ciertamente, es poco probable que el lector que llegó hasta este punto sea afín a Milei.

“En el universo postfactual de las tribus digitales, un enunciado ya no hace referencia a hechos, no es criticable ni se está obligado a justificar lo que se sostiene. (…) Fuera del entorno tribal solo hay enemigos a los que combatir”, advierte Byung Chul Han sobre el panorama que se vive bajo la Infocracia. Sin embargo, la realidad ha demostrado en reiteradas ocasiones que los problemas ligados a la crisis ecológica, como la contaminación del aire o las catástrofes climáticas, afectan a las personas sin distinción ideológica. Afortunadamente, también se ha visto como en situaciones de crisis, como un incendio forestal que se aproxima a un barrio, vecinos de posiciones políticas antagónicas colaboran para combatir el fuego.

Pobre de aquel que viva subordinado a un sentimiento tan autodestructivo como el odio.

Foto de portada: Getty Images.

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