Schmidt fue un científico que se ganó el apodo del “Rey del Dolor” por publicar un Índice donde cataloga y describe el dolor de las picaduras de 150 especies diferentes de insectos, para ello sufrió más de 1.000 picaduras. Aunque aclara que «no SOY un masoquista, solo en ocasiones me pican a propósito”.
Justin Schmidt fue un entomólogo que trabajaba en la Universidad de Arizona, en Estados Unidos, se ganó el apodo del Rey del Dolor porque se sometió a picaduras de unas 150 especies de insectos y documentó el sufrimiento generado. “Cuando tenía 7 años realicé mi primer experimento con un insecto que pica: saque una abeja de un diente de león y la puse en el brazo de mi maestra. Mi hipótesis era que podía picarla y resultó ser correcta, para su consternación”, escribió el reconocido investigador en una columna para The Guardian.
Veinte años más tarde, en su trabajo de campo como entomólogo “estudiaba las interacciones entre los insectos y su entorno, realicé un trabajo de campo que implicaba recolectar diferentes especies, lo que proporcionaba infinitas oportunidades de recibir picaduras”, explicó en su columna. Bajo la hipótesis de que los insectos que viven en zonas con más predadores tienden a ser más agresivos y sus picaduras más dolorosas, “se me ocurrió hacer un índice de dolor. Cada vez que me picaban puntuaba el dolor y luego escribía una descripción”, detalla.
Así, en el año 1983 publicó su primer índice del dolor infligido por las picaduras de 80 especies diferentes, que clasificó en cuatro niveles:
Nivel 1: “Casi agradable. Un amante mordió tu lóbulo demasiado fuerte”.
Nivel 2: “Caliente y ahumado, casi irreverente. Imagina a alguien apagando un cigarrillo en tu lengua”.
Nivel 3: “Audaz y constante. Alguien está usando un taladro para excavar tu uña encarnada”.
Nivel 4: “Dolor puro, intenso y brillante”.

En el nivel uno se encuentran especies como las abejas domésticas; mientras que en el nivel cuatro se posicionan especies como la avispa caza tarántulas, cuya picadura es “cegadora y feroz, sorprendentemente eléctrica”, o la hormiga bala cuyo dolor compara a “caminar sobre carbón ardiendo con un clavo oxidado de 3 pulgadas incrustado en tu talón”.
Sin embargo, el investigador aclaró que el índice es un testimonio de su experiencia empírica y no una investigación científica estandarizada.
“Si me pica un insecto con el que nunca me he topado, actualizó el índice de dolor”, así en 2016 publicó The Sting of The Wild, donde detalla el dolor de las picaduras de unas 150 especies y explora las estructuras sociales de los insectos y la fisiología detrás de sus picaduras.
“Sé que algunas personas piensan que estoy loco, pero no soy masoquista y solo en ocasiones me pican a propósito. Cuando sucede, al principio reacciono como lo haría cualquier otra persona: maldigo más de lo que debería admitir. Luego saco mi cuaderno y mi cronómetro, me siento y tomo notas”, explicó en su columna.
Finalmente falleció el 18 de febrero del 2023 víctima del Parkinson, a la edad de 75 años.

