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“Peligran los hielos invisibles que abastecen de agua a gran parte de la Argentina”, la advertencia del geólogo Héctor Lacreu

El especialista advierte sobre los riesgos de modificar la Ley de Glaciares y alerta que el debate no es meramente técnico, sino político. Un texto que no solo es de interés para la sociedad, sino que debería ser estudiado por los legisladores que tienen en sus manos la decisión sobre el futuro hídrico del país.

En el marco de la “Audiencia Pública” convocada por la Cámara de Diputados de la Nación para tratar la propuesta de modificación de la Ley de Glaciares impulsada por el ejecutivo nacional, miles de ciudadanos de todo el país fueron vulnerados en su derecho a expresarse al respecto. De las cerca de 100.000 personas inscriptas, solo una ínfima parte pudo hacer uso de la palabra, ya que las autoridades legislativas se niegan a extender las jornadas de la audiencia y, en contraposición, invitan a que el resto de los alistados participen mediante un escrito o un video que supuestamente sería tenido en consideración por los diputados.

En este contexto, el geólogo y docente jubilado de la Universidad Nacional de San Luis, Héctor Luis Lacreu, envió el siguiente escrito para expresarse en el marco del debate y, de paso, lo compartió con la comunidad en su blog personal llamado Geología Ciudadana. A continuación, reproducimos el análisis del especialista, que advierte que la posible modificación de la norma pone en riesgo a importantes y delicados ecosistemas:

Peligran los hielos invisibles

En la misma semana que las Naciones Unidas invita a conmemorar el Día Mundial de los Glaciares, en nuestro país se intenta flexibilizar las leyes que los protegen. Ello me motivó a elaborar la presente nota y enviarla junto a un video a la Cámara de Diputados de la Nación para participar en la Audiencia Pública convocada para el 26-03-26.   

El motivo que se esgrime para la reforma de la Ley de Glaciares (N° 26.639-2010) se basa en la supuesta ambigüedad en la determinación y definición del ambiente periglaciar y ello no es un planteo inocente sobre terminología científica. Por el contrario, se intenta confundir a la sociedad para facilitar actividades mineras en dicho ambiente, ocultando el hecho de que son terrenos con función hídrica relevante gracias a la presencia de un “hielo invisible”. En el marco de esta discusión provocada por el intento minero-gubernamental de relajar la Ley de Glaciares parece que lo invisible no existiera o que, debido a ese carácter, se pudiera cancelar o poner en duda no sólo su existencia sino su función hídrica.

En mi opinión, se intenta desviar el eje del problema, ya que la verdadera discusión no es la denominación de las geoformas periglaciares sino la función hídrica que ellas cumplen. Es necesario tener en cuenta que esa función debe estar regulada con criterios comunes a todo el país, ya que en forma directa o indirecta las regiones periglaciares abastecen de agua a gran parte de la Argentina occidental y buena parte de los embalses y represas hidroeléctricas del centro el país.

El intento criminal de flexibilizar la Ley de Glaciares para que las mineras puedan trabajar en las llamadas áreas periglaciares requiere tener en cuenta algunos conceptos y procesos básicos que deberían formar parte de la alfabetización geológica de los ciudadanos y las ciudadanas.

Las Geoformas del Hielo, Productoras de Agua

Una parte del hielo de este planeta es visible en las geoformas de hielo denominadas glaciares, que son ampliamente conocidas, y otra parte es el “hielo invisible” que está oculto en las geoformas denominadas periglaciares, como es el caso de los glaciares rocosos, los lóbulos de gelisoliflusión y los suelos congelados o permafrost. 

Cabe recordar que el hielo es la principal fuente de agua en las altas zonas montañosas y en la mayoría de las cuencas hídricas ubicadas al pie de las montañas (piedemonte) de la zona oeste de la Argentina. Ello obedece a que las mayores precipitaciones de nieve pueden quedar algún tiempo en las montañas donde cae y se acumula en los valles y depresiones compactándose lentamente para formar el hielo de los glaciares. Otra parte de la nieve que cae fuera de los glaciares se funde y el agua puede introducirse y congelarse en grietas y derrubios de laderas formando el “hielo invisible”. En ambos casos, el lento descongelamiento produce agua líquida que se escurre por la superficie y por el subsuelo.

Glaciar Tapado Coquimbo, Chile.

El agua superficial que emerge de los glaciares alimenta arroyos y ríos y el agua subterránea circula gracias a la porosidad y permeabilidad de los acuíferos que funcionan como esponjas haciendo que en verano el agua circule lentamente y llegue a los terrenos que están a menores alturas que los glaciares. En invierno esa agua se congela constituyendo una verdadera reserva hídrica. Dichos terrenos (ley 26.639-2010, Art. 2) constituyen los denominados científicamente ambientes y geoformas periglaciares, que pueden estar cerca o lejos de los glaciares propiamente dichos, pero lo importante es que en todos los casos constituyen reservas de agua que sufren procesos de congelamiento y descongelamiento.

La importancia de esas geoformas, como es el caso de los glaciares rocosos, obedece a que son verdaderos recipientes esponjosos que no sólo contienen hielo en su interior, sino que permiten que su lenta fusión garantice los aportes de agua líquida superficial y subterránea en diversas regiones, aunque no llueva por mucho tiempo.

El interés minero de los Andes

La Cordillera de los Andes en su conjunto despierta el interés minero debido a que guarda en su seno numerosas y variadas concentraciones de minerales metalíferos. Ello es posible debido a que existe una geología, es decir: una distribución de estructuras y rocas cuyos minerales están constituidos por diversas combinaciones químicas de silicio, oxígeno, azufre con elementos metálicos como oro, plata, cobre, molibdeno, estaño, plomo, etc.

Algunas de esas concentraciones se encuentran en la superficie o cerca de ella y se ponen en evidencia porque los minerales metalíferos se oxidan con las aguas superficiales y las rocas que los contienen adquieren colores rojizos, amarillentos, verdosos, entre otros, que contrastan notablemente con el color grisáceo dominante.  

Dichos colores son visibles en algunos sectores reducidos de la cordillera y constituyen una de las evidencias de las áreas mineralizadas que despiertan el interés de los mineros y pueden ser detectadas directamente a simple vista o mediante imágenes satelitales. Además, existen mineralizaciones metalíferas a poca profundidad, ocultas por algunos metros de rocas o de hielo y también pueden ser detectadas indirectamente.  En estos casos se realizan prospecciones (búsquedas) aéreas mediante vuelos con instrumentos que las detectan basándose en cambios de algunas radiaciones o en las propiedades de la gravedad o del magnetismo de los terrenos que se sobrevuelan y que permiten hacer mapas que muestran las anomalías producidas por dichos cambios.   

Dichos métodos indirectos permiten detectar, seleccionar y mapear sectores de interés minero, aunque estén por debajo de geoformas de glaciares y periglaciares. Sin embargo, esa información es insuficiente para que el área sea considerada “mina”, ya que esos indicios se deben comprobar en el terreno mediante la exploración que permitirá calcular el volumen de las reservas y comprobar si puede o no extraerse con beneficio económico.

La fase exploratoria requiere el trabajo de geólogos y geólogas e ingenieros e ingenieras en el terreno y para abrir caminos, hacer zanjas (calicatas) o perforaciones para obtener muestras y cuantificar la mineralización. Todo ello se podría realizar siempre que se cumplan tres condiciones: a) actitud de responsabilidad social y técnica en los trabajos, b) respeto fiel a las normas ambientales y mineras y c) compromiso de no interferir en las geoformas con hielo por ínfimas que estas sean. 

Las condiciones mencionadas no permiten avanzar en ninguna tarea que no sea la investigación científica o el turismo responsable y no destructivo.

Estas medidas son preventivas para evitar que se repita la destrucción de masas de hielo como las ocurridas entre 2010 y 2016 en la provincia de San Juan, durante la construcción del acceso a las minas de Veladero y Pascua Lama (oro, plata y cobre) bajo el control operativo de la empresa canadiense Barrick Gold Corporation.    

Reflexiones sobre la minería “sustentable”

El intento de modificación de la ley de glaciares evidencia un conflicto de intereses, quienes quieren explotar minerales en zona vulnerables y quienes necesitan preservar y usar las fuentes de agua. No se trata de un conflicto científico, sino que es netamente político que se traduce en una puja de poder entre la conservación o la extracción de bienes naturales comunes no renovables como es el caso en la dupla: minería vs agua.

Creo que no debería haber discusión social sobre la prioridad que tiene el hielo como fuente de agua respecto de la opinable necesidad de extraer minerales precisamente donde se encuentra ese hielo. Digo opinable porque esa “imperiosa necesidad”, además de no ser sustentable por las razones expuestas en el parágrafo anterior, no se enmarca en políticas soberanas de abastecimiento de nuestra industria nacional y de generación de trabajo en gran escala.   

Esa supuesta “necesidad” surge de intereses de poderosas empresas internacionales que ven una oportunidad en la Argentina debido a sus riquezas, los bajos salarios, la benevolencia cipaya de las leyes y la laxitud y venalidad en el ejercicio de la mayoría de los controles. Hay que aclarar que esas oportunidades son circunstanciales y efímeras y dependen de la cotización de los metales en la bolsa de Londres o de la aparición de un gran competidor en el mercado mundial. Cualquier variación de esas condiciones pueden hacer que un desarrollo minero supuestamente sustentable, de un día para otro se convierta en todo lo contrario porque engañosamente se llamó sustentable a lo que circunstancialmente sólo era un negocio minero rentable.

Otra sería la evaluación social de la minería si sus actividades respetaran filosóficamente a los Bienes Naturales Comunes (BNC) y la sustentabilidad estuviese reflejada en la continuidad temporal de sus tres principios fundamentales que deben cumplirse de modo simultáneo, a saber: a) crecimiento económico, b) equidad social y c) equilibrio ecológico.

El Concepto de Bien Natural Común se define como “sustancias y elementos que existen de forma natural en la Tierra y que cumplen funciones vitales para la vida y el equilibrio ecosistémico”. Este moderno concepto reemplaza al de “recursos naturales” y está reflejado en el art 41 de la Constitución Argentina cuando reconoce explícitamente el derecho de todos los habitantes a un ambiente sano y establece obligaciones sobre el uso racional de los recursos naturales, la preservación del patrimonio natural y cultural, y la diversidad biológica. Este artículo es la base constitucional para considerar agua, aire, bosques y biodiversidad como patrimonio colectivo que debe ser protegido.

Por otra parte, el concepto de BNC requiere un tratamiento homogéneo en todo el país y no de modo fragmentario como se propone en la modificación a la actual ley que da lugar a que cada jurisdicción interprete y regule los hielos con diferentes criterios. Por ello, es necesario sostener los Artículos 3 y 5 de la Ley de Glaciares, los cuales ordenan la realización de un inventario nacional y se lo encomienda al Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA) que interactúa y se nutre de informaciones de todas las provincias.

Para finalizar, creo conveniente señalar que bajo estos criterios modernos es posible desarrollar minería responsable. Pero sin ellos… se seguirá engañando con las promesas de una efímera generación de riqueza, de una falsa, exigua y obscena redistribución en las comunidades provinciales, con el agravante de provocar una crisis hídrica irreversible sin precedentes al afectar los reservorios de agua representados por los periglaciares.   

Foto de portada: Olmo Calvo Rodríguez / Subcoop.

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