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El Changüi: agroecología y educación ambiental en Juana Koslay

El Changüi es un campo dedicado a la producción agroecológica y a la educación ambiental. Todo empezó con la idea de la autoproducción para consumo propio, pero con el paso del tiempo se fueron gestando ejes como la comercialización, la capacitación en agroecología y la concientización ambiental.

Por Maico Martini.

El Changüi es un campo dedicado a la producción agroecológica de verduras, hortalizas, frutas y derivados animales como huevos de campo, ubicado a las afueras de Juana Koslay. El proyecto, encabezado por el Ing. Agrónomo Esteban Aguirre, busca complementar el trabajo agroecológico con actividades culturales y educativas. “Soy de Buenos Aires, estudié agronomía en la UBA y hace unos ocho años me vine a San Luis, acá hice el cierre de la facultad con unos compañeros del CONICET y empecé a conocer el monte desde la investigación y la ciencia: investigué sobre la jarilla, una especie muy interesante que tenemos acá en el monte puntano”, cuenta Aguirre en dialogo con EcoPress.

En los últimos años de la carrera me inscribí en la Tecnicatura de Producción Vegetal Orgánica, que era algo muy novedoso para el momento, esto me permitió abrir la cabeza, conocer otras propuestas y formas de producir. Cuando terminé la carrera me enfoqué en la producción orgánica y después conocí el concepto de agroecología: la producción orgánica está más basada en el producir y no se tiene en cuenta tanto el entorno ambiental y cultural, al empezar a habitar y visitar otros espacios productivos agroecológicos entendí que no se trata solamente de producir, sino de mantener el equilibrio natural, y eso me convenció mucho más que la producción orgánica”, explica el profesional.

Bajó esa óptica, hace unos años Esteban comenzó a erigir El Changüi, un proyecto que inició con la idea de la autoproducción para consumo propio, pero que fue evolucionando hasta erigirse como una chacra de producción armoniosa con la naturaleza y un centro educativo al que asisten autodidactas y estudiantes. “Vi la posibilidad de empezar a trabajar la tierra, sembrar y cosechar mis verduras, arranque con una superficie de aproximadamente 400 mts/2”, recuerda. Ahora produce en un predio de aproximadamente una hectárea, mientras que otras tantas están destinadas a la conservación del monte nativo.

En El Changüi hay árboles frutales, verduras, hortalizas y gallinas ponedoras, entre otras. “Estando acá en el monte entendí que la agroecología es el modelo adecuado y es el camino a seguir”, sostiene Aguirre. Evidentemente, en el establecimiento no se utiliza ningún tipo de fertilizante artificial o herbicidas químicos, sino que se trabaja la tierra en armonía con la naturaleza, buscando mantener un equilibrio ambiental. Por ejemplo, las gallinas ponedoras caminan libremente durante el día, comiendo los bichitos y las semillas del campo, y recién a la noche son resguardadas en el corral, el sabor distintivo de los huevos es una clara prueba de ello.

Esteban Aguirre, encabezando un taller de huerta orgánica. /2021/ EcoPress.

Al ser consultado acerca de la comercialización, Esteban cuenta con entusiasmo que se ha forjado una red de personas interesadas en consumir alimentos sanos y producidos ecológicamente, quienes se acercan hasta el campo para aprovisionarse. En ese sentido, lamenta que en la zona casi no hay producciones agroecológicas, ni un apoyo gubernamental tangible para impulsar los proyectos agrícolas respetuosos con la naturaleza.

Más allá del trabajo de producción, El Changüi también ha sido escenario de encuentros de intercambio de semillas, acompañados con capacitaciones ambientales y actividades artísticas. Últimamente, comenzaron a recibir visitas de escuelas, para que los estudiantes puedan conectarse con la naturaleza y conocer el concepto de la agroecología, algo que Esteban sabe transmitir con mucha claridad dada su experiencia en las aulas.

En ese sentido, también abre las puertas para voluntarios y autodidactas. “Es fundamental la mano que nos dan los voluntarios, que pueden ser locales o viajeros que vienen y necesitan un techo, también estamos encontrando mucha gente que no lo hace solo por el techo o la comida, sino que tienen la necesidad de meter mano en la tierra y aprender; o que buscan venir al campo de manera terapéutica. Generalmente en primavera, verano y otoño abrimos el espacio para los voluntariados, y está bueno porque el intercambio es real: ellos traen sus saberes y nosotros les compartimos lo que el lugar nos ha enseñado”, indica Aguirre. Los voluntariados no están enfocados únicamente en la agricultura, también en la bioconstrucción, ya que el profesional está construyendo su casa con ese método.

Esteban recuerda que en los inicios de El Changüi contó con el apoyo del Instituto Nacional de Agricultura Familiar, Campesina e Indígena, que colaboró con asesoramiento y algunos materiales, pero lamentablemente en marzo del 2024 el DNU 285/24 dispuso el cierre definitivo del Instituto. “Tengo un recuerdo hermoso de personas que trabajaban en esa área, de diálogos y charlas en los que se notaba que eran personas comprometidas, con mucho conocimiento de la Provincia de San Luis y que habían forjado una red verdadera. Es una lástima que de un día para el otro se desarme, después de 30 años de recorrer la provincia y de acompañar, para mí como productor, como agrónomo y como ciudadano es una lástima”, opina Aguirre al respecto.

En sintonía, el gobierno también les prohibió a los trabajadores del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria mencionar palabras como “agroecología”. Al ser consultado, Esteban lamenta que “no es solo una palabra, sino que es una acción de un montón de compañeros que vienen trabajando y levantando la bandera de la agroecología. Es un insulto a muchos compañeros que vienen peleándola y que vienen trabajando, es un insulto a la ciencia que se viene aplicando en el marco de la agroecología y a instituciones que la vienen avalando y acompañando. Yo siento que este tipo de medidas son un retraso como humanidad”.

“Ojalá que estas situaciones se detengan y empecemos a construir de manera colectiva”, augura el ingeniero.

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