Hace 74 años San Luis quería ser pionera en la producción de dátiles. Con esa idea, el Gobierno provincial envió una comitiva a Medio Oriente con la misión de volver con palmeras datileras que luego servirían para darle vida al Centro Experimental “El Datilero”, en Quines.
Apenas iniciaba la década del 1950 cuando un grupo de aventureros partió hacia Irak con la misión de volver con palmeras datileras para convertir al norte puntano en un polo productivo de dátiles, un fruto exótico para la época. La misión fue ordenada por el entonces Gobernador Ricardo Zavala Ortiz, quien probablemente se sintió persuadido por las majestuosas palmeras ubicadas frente a su despacho de la Casa de Gobierno, en la Plaza Independencia. Con el detalle de que esas palmeras son del tipo Palma Canaria, forestadas a fines del siglo XIX con fines ornamentales, es decir, con frutos no aptos para la producción.
Eduardo Julve, ingeniero y especialista en palmeras, comandó la expedición que cruzó el Atlántico con el objetivo de traer a San Luis árboles de Phoenix Dactylifera, con la esperanza de que el clima semiárido de la provincia permitiese la proliferación de las palmas. Junto al experto, los jóvenes técnicos Eleodoro Miranda, Ariel Urio y Orlando “Cototo” Rodríguez también se apuntaron a la expedición.
La idea original era buscar las palmeras en Marruecos, Túnez o Egipto; pero el plan fue descartado rápidamente porque las leyes de estos países lo impedían. “La única alternativa que les quedaba era Irak, donde si bien había restricciones, estaba la posibilidad de obtenerlas mediante un contacto en Arabia Saudita”, escribió el profesor Jorge Rosales, quien hace algunos años pudo entrevistar a uno de los integrantes de la comitiva.
Así, en 1951 los aventureros partieron rumbo a Medio Oriente para cumplir con su cometido. Al llegar, la delegación llamó la atención de las autoridades iraquíes que sospecharon al ver a extranjeros buscando palmeras por las calles de Bagdad, el poco dominio del árabe por parte de la delegación provincial no facilitó las cosas y el equipo sintió de cerca la presencia de los agentes.
Cuando el objetivo parecía desvanecerse, los iraquíes les retiraron la “marca personal” y la comitiva pudo proceder. Mil palmeras escondidas en dos camiones térmicos partieron desde la capital de Irak rumbo al Golfo Pérsico, mientras que los expedicionarios marcharon hacia Siria en una camioneta Fargo, provistos de víveres y un rifle para disuadir las amenazas del desierto. La travesía no fue fácil, el equipo padeció la falta de agua y combustible, las altas temperaturas no dieron tregua y las precarias rutas desérticas complicaron aún más el panorama.
Afortunadamente, lograron sortear los obstáculos y llegar a Beirut, en la República del Líbano, donde los esperaba el buque a vapor Río Quinto. El regresó a la Argentina tardó unos 20 días, pero en el trayecto se murieron más de la mitad de las plantas, ya que una enfermedad pudrió las raíces y los brotes debido a la escasez de agua dulce y a las condiciones a bordo.
Al arribar al puerto de Buenos Aires, varios camiones estaban alistados para llevar a las palmeras a Quines. Allí las esperaba un centro experimental recién inaugurado, equipado con cámaras de maduración a vapor, viveros, centro meteorológico, laboratorios, maquinaría, sistemas de riego y hasta viviendas para el personal. En su apogeo, el Centro Experimental “El Datilero” empleó a unas 70 personas y el ingeniero Julve llegó a pronosticar que para el año 1957 la producción de dátiles alcanzaría el millón de kilos.

En mayo del 1952 las palmeras iraquíes pudieron ser trasplantadas y, no mucho tiempo después, se dieron las primeras cosechas, sin embargo, el clima puntano no permitió la maduración natural de los frutos, que debían ser madurados con métodos artificiales. A fines de aquel año, se proyectó una cinta filmada por un videoaficionado que documentaba la expedición: en ella, además de poder apreciarse los diversos paisajes de Medio Oriente, también se reflejaban las dificultades que enfrentó la comitiva para llegar a las plantaciones y seleccionar a los ejemplares más aptos.
No obstante, en 1955 con la Revolución Libertadora y las posteriores intervenciones federales el prometedor destino de El Datilero se desvaneció. Se despidió a la mayoría de los empleados y se descuidaron los cultivos, años más tarde un incendio destruyó el vivero que conservaba los únicos plantines nacidos en Quines.
En 1969 el predio fue cedido a la Federación Argentina de Cooperativas Agropecuarias, y finalmente, en 1993 fue rematado por el Gobierno de la provincia. Desde entonces el predio fue utilizado para distintos fines, la mayoría de veces para eventos y fiestas nocturnas en las que los asistentes probablemente ignoren la historia de película detrás de las palmeras que adornan el paisaje.
Foto de portada: Acto de inauguración oficial del Centro Experimental El Datilero, 18 de mayo de 1952.

