El periodismo también contamina -EDITORIAL-

Casi todas las actividades humanas contaminan, y el periodismo no está exento de ello; la actividad periodística genera impactos ambientales a lo largo de toda la cadena de producción de contenido veraz. Desde las herramientas utilizadas para realizar un reportaje, hasta la divulgación de la información, el periodismo genera impactos ambientales. Además, si los medios tratan con irresponsabilidad a las noticias ambientales, generan otro impacto negativo a nivel socioambiental.

El periodismo es una actividad que, si se observa como garante del derecho a la información, es sumamente esencial en la sociedad. Sin embargo, el periodismo también es un negocio que se mueve bajo las reglas del capitalismo y, por ende, uno de los principales objetivos de la comunicación es el lucro.

El periodismo es tan relevante a nivel social que algunos lo consideran como el cuarto poder, otros lo observan como un regulador de poderes, y algunos tantos lo ven como una calaña de mentirosos que operan bajo las ordenes de los gobiernos o de los grandes capitales. Este medio no va a ahondar en ese debate. Sin Embargo, hay una cosa que no es siquiera discutible: el periodismo contamina.

En este medio, autoproclamado al Servicio del Ambiente, se ha hablado de los impactos ambientales de los residuos plásticos, de la industria textil, de la industria agrícola, del cambio climático y de los combustibles fósiles (entre otras cosas). Y hoy ha llegado el momento de hablar acerca de los impactos ambientales del periodismo y la comunicación.

El periodismo ya acarrea una contaminación de base: todas las herramientas tecnológicas que emplea (cámaras, micrófonos, trípodes, computadoras, antenas, etcétera)  produjeron contaminación en su fabricación y distribución, pero eso – imagino- está implícito. Pero también contamina directamente; un trabajador de la prensa genera emisiones de Co2 al trasladarse al lugar de los hechos, luego consume energía para redactar o editar su contenido periodístico y, como cualquier humano, genera desechos a lo largo de su jornada laboral.

Los impactos ambientales en la producción de contenido periodístico son, a comparación con otras industrias, mínimos. Sin embargo, la mayor parte de la contaminación producida por esta actividad radica en la divulgación de la información, esta divulgación puede ser mediante periódicos papel, emisiones de radio o televisión o mediante plataformas digitales.

Según un estudio del 2019 realizado por el diario Tiempo Argentino y la Asociación Reporteros sin Fronteras, cada día se venden 700 mil periódicos papel en Argentina. El ranking lo lidera Clarín con 206 mil ejemplares diarios, La Nación vende unos 103 mil periódicos diariamente y el Diario Popular vende unos 56 mil ejemplares cada día.

Papel Prensa S.A, del grupo Clarín, cubre el 75% de la demanda de papel para periódicos a nivel nacional y produce unas 170 mil toneladas de papel prensa anualmente.

Para producir esta colosal cantidad de papel se necesita madera (desforestación), también se emplean grandes cantidades de agua y químicos tóxicos que la contaminan. Luego hay que imprimir el periódico con tinturas no muy amigables con el ambiente y, al distribuir el diario, se emiten gases de Efecto Invernadero –GEI-. Además, la mayor parte de estos periódicos terminan en la basura en un corto plazo.

Por otra parte, las emisiones de radio requieren de mucha energía para ponerse en ‘sintonia’. Las emisoras de radio consumen una gran cantidad de electricidad y, teniendo en cuenta que a nivel nacional cerca del 70% de la electricidad producida es mediante combustibles fósiles, contribuyen a las emisiones de GEI. En esa sintonía, las televisoras también consumen gigantescas cantidades de energía que contribuyen a las emisiones que inciden en el calentamiento global.

Los medios digitales también consumen mucha energía. El mundo digital consume el 8% de la electricidad mundial y es responsable del 5% de las emisiones de GEI, claro que la mayor parte de la contaminación digital corresponde a las plataformas de películas, de pornografía o de streaming, pero los periódicos digitales también son parte del mundo digital, y por ende, contribuyen a esta contaminación.

Además, este consumo de recursos y de energía es constante. Uno de los fundamentos del periodismo es la periodicidad, es decir; publicar información diariamente. Entonces, el periodismo genera contaminación los 7 días de la semana, todo el año.

Hasta aquí, todo el texto relatado anteriormente es rebuscado ya que la contaminación producida por la prensa es similar a la de cualquier industria y, a comparación con la explotación petrolera o la industria textil, su impacto ambiental es menor, lo que no significa que sea nulo.

Sin embargo, el periodismo genera muchos impactos ambientales a nivel social: la mayoría de los medios son financiados -mediante publicidad- por políticos, gobiernos y empresas. Esta financiación condiciona el relato del medio y la óptica desde donde se observa la noticia, si es que esta llega a ser comunicada (muchas veces los medios no publican información por  la influencia que algunas corporaciones y personas ejercen sobre el medio).

El periodismo, como formador de opinión pública, tiene el poder de perpetuar o mitigar la contaminación. Por ejemplo: si mi principal fuente de ingresos proviene de la pauta publicitaria del gobierno provincial y este desarrolla un proyecto con irregularidades ambientales, no lo voy a comunicar y si lo hiciese lo haría muy superficialmente. Si mi principal fuente de ingresos proviniese de una gran empresa textil que contamina el río Paraná a través del volcado de efluentes industriales y esta información trasciende, probablemente no replicaría la noticia o lo haría muy superficialmente.

Además, el periodismo puede perpetuar la contaminación con su relato; desinformando en temáticas ambientales, negando la evidencia científica o bombardeándonos con publicidad de productos que no son precisamente ecológicos.

 Aquí en Argentina, grandes medios como Clarín o La Nación idealizan constantemente el estilo de vida estadounidense y europeo e instan a los jóvenes a mudarse allí. Sin embargo, nunca hablan de que si todos viviésemos bajo el estilo de vida del estadounidense promedio se necesitarían 6 planetas en recursos naturales para sostener ese consumo, y si lo hiciésemos como los europeos se necesitarían 4.

También, estos mismos medios, hablan constantemente de la innovación del agro y celebran las cosechas record, pero nunca ahondan en la desforestación que producen los cambios de uso del suelo para generar estas gigantescas cosechas y mucho menos en los impactos socioambientales de los agroquímicos.

A veces hablan de los incendios forestales y tratan otras noticias ambientales que son imposibles de ignorar, pero rara vez explican que una gran parte de estos incendios son generados para los cambios de uso del suelo. En otras palabras; siempre defienden al sistema extractivista y nunca lo ponen en duda ¿Por qué? Porque es este sistema quien los financia.

Además, los grandes medios nos bombardean con publicidad de nuevos productos constantemente, incentivan el consumo desmedido con el que el humano contemporáneo vive y no lo ponen en duda, porque no le es rentable.

Es decir, a nivel general, el mayor impacto ambiental del periodismo es su relato de la realidad. Ese periodismo que no pone en duda al sistema extractivista, ese que informa banalmente en temáticas ambientales, ese que trata las noticias de ecología como algo aislado, ese que promueve el desarrollo ilimitado, esa es la prensa que genera el mayor impacto ambiental.

Al mismo tiempo, la mayoría de los medios que siguen este relato hegemónico han monopolizado la información y así opacan a los medios disidentes que proponen otro punto de vista respecto a la realidad.

Como consecuencia; hay gente que cree que el cambio climático es falso y vota a políticos que afirman eso (a pesar de que hay un consenso científico del 99% de que el cambio climático es real y provocado por la humanidad), hay personas que compran productos diseñados para romperse sin saber que eso sucede y sin indignarse por ello, etcétera. En fin, el rol actual de la prensa con respecto a los fenómenos ambientales solo perpetúa el analfabetismo ambiental de la ciudadanía y, por consecuencia, el impacto ambiental que genera el humano.

Volviendo a los impactos ambientales directos de la prensa, el periodismo –como cualquier negocio/profesión- debe empezar a reflexionar en sus impactos a nivel ambiental, desnaturalizar la contaminación que genera y comenzar a mitigarla. ¿Cómo? Bueno, empezar a reducir la cantidad de recursos que utiliza, ser eficientes en el consumo energético, transicionar al uso de energías renovables, y financiar el tratamiento de los residuos que genera (entre otras cosas).

Con respecto a los impactos ambientales indirectos producidos por su relato, es necesario capacitar en temáticas ambientales a los corresponsales o contratar a comunicadores especializados en la temática, hay que repensar el modelo de negocio e intentar ser menos dependientes económicamente de los grupos que contaminan y, por sobre todo, se tiene que comunicar la realidad ambiental.

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